El patio y la cultura escolar: dos claves para potenciar el desarrollo de los niños a través del juego

El patio y la cultura escolar: dos claves para potenciar el desarrollo de los niños a través del juego

Por: Marcial Huneeus

Para potenciar el desarrollo de los niños a través del juego es muy importante pensar los patios escolares considerando las edades e intereses de los niños y, paralelamente, promover una cultura que confíe en sus capacidades.

A lo largo de la infancia, los niños se desenvuelven y aprenden sobre el mundo a través del juego. Para lo cual requieren de un ambiente de libre exploración, de patios en la educación parvularia, jardines infantiles y educación básica, donde tengan la oportunidad de descubrir qué les gusta hacer, de conocer a otros niños/as e interactuar. El juego cumple un rol central en el desarrollo de los niños, es una instancia segura para comenzar a socializar, para probar, para atreverse a correr, saltar, escalar y entablar amistades.

El juego de los niños necesita el desafío, el riesgo. Si un juego es demasiado seguro y no los estimula los niños se aburren. Pero al mismo tiempo el juego necesita un ambiente de seguridad, si es demasiado intimidante los niños se asustan y el juego se acaba. Cuando los niños dejan de jugar, dejan de aprender. En este sentido, el diseño de los patios escolares debe considerar las etapas del desarrollo de los niños para potenciar sus juegos y aprendizajes.

De igual modo, tenemos que promover una cultura que valide el juego y confíe en las capacidades de los niños, si no podemos limitar su desarrollo. Cuando le decimos a los niños: cuidado, no subas, no corras, no te alejes, no entres ahí; Cuidado, no toques eso, no esto, no aquello; estamos coartando sus posibilidades de interactuar con otros y desarrollar habilidades socioemocionales y físicas. Muchas veces los adultos, profesores, padres y madres, tomamos decisiones pensando en lo que es bueno para el adulto y no en lo que es bueno para el niño. De este modo, restringimos su desarrollo. Lo que nosotros somos capaces de hacer no siempre se aplica a los niños, que son más hábiles, flexibles y cuentan con una gran curiosidad. Si no dejamos a los niños experimentar, usar sus capacidades e imaginar, los limitamos y no podrán hacer cosas que nosotros no somos capaces de hacer.

Si un niño se está subiendo a un juego de barras o cominando por un juego topográfico y el adulto se asusta, muchas veces le transmite ese temor y puede generar que no lo logre. Si el adulto en cambio reacciona de otra forma y lo estimula a subir paso a paso, el niño adquiere confianza para trepar, experimentando la satisfacción de lograrlo.

Antes de decir no, no hagas eso, cuidado, proponemos cambiar el foco y decir:

  • ¿Estás cómodo?
  • Hazlo paso a paso.
  • Anda a tu ritmo.
  • Antes de saltar fíjate a dónde vas a caer.
  • Tú puedes.
  • ¿Te sientes seguro?
  • Estoy acá por si me necesitas.
  • ¿Qué vas a hacer después?
  • Fíjate que estés firme.
  • Si quieres te doy la mano.

Así, le damos confianza a los niños para que descubran sus propios límites, desarrollen la autoestima y el autocontrol.

Todos los proyectos que realizamos en Patio Vivo consideran un trabajo con docentes para potenciar una cultura de juego, la buena convivencia, el cuidado de la naturaleza y el uso del patio como un aula abierta.